Editorial.- Cero tolerancia a la corrupción
“Lo que las leyes no prohíben puede prohibirlo la honestidad”. Esta expresión del filósofo romano Lucio Anneo Séneca resulta tan vigente y encaja a la perfección en el entorno político nacional y local, a la luz de los últimos acontecimientos que han sacudido a la opinión pública, en torno al comportamiento de algunos funcionarios en el uso de los recursos públicos.
Seguramente mis estimados 9 lectores estarán pensando que hago referencia a las irregularidades recientemente detectadas en el DIF estatal. Debo decir que sí ya que públicamente me he pronunciado a que este tema debe investigarse a profundidad y hasta sus últimas consecuencias. Pero estas líneas no tienen la intención de abordar los detalles de este lamentable caso, sino más bien, a partir de éste y otros muchos que se suceden a lo largo y ancho del país, reflexionar acerca de la importancia que tienen los valores como la honestidad y la honradez en todas las esferas de nuestra vida, es decir, tanto el ámbito privado como público. No se trata de dar una clase de moral aquí, de ninguna manera, sin embargo, la ética en el servicio público es un valor obligatorio.
Según el Diccionario de la Real Academia Española la “honestidad” se refiere a la cualidad del honesto y éste a su vez es un adjetivo de quien es decente, recatado, justo, razonable, probo, recto y honrado. No se trata sólo de un valor subjetivo, es tan concreto que se traduce en las relaciones y acciones cotidianas.
No basta con ser eficiente y eficaz. Es demasiado pragmatismo. Estoy convencido que muchos de los males que hoy padecemos como sociedad tienen como origen la pérdida paulatina de estos importantes valores y cualidades que ya he descrito arriba y que se refieren al ser honesto. Porque se puede actuar sin violentar las leyes, en una aparente honestidad, pero en la realidad, detrás de ello, se esconden intereses oscuros y actos de corrupción disfrazados de legalidad. Que tanto es tantito, diría alguien por ahí, poco a poco se van tomando libertades que rayan en la deshonestidad hasta perder de vista la razón que le da valor a la ley y a la responsabilidad de cumplirla. La honestidad rodea el cumplimiento de la ley, aunque ésta no lo diga, es decir, que los funcionarios están obligados a poner el ingrediente ético de la honestidad en el cumplimiento de la ley.
Séneca tenía razón, pues existen actos que pudieran ser legales pero que en el fondo son totalmente inmorales y deshonestos.
El ciudadano exige servidores públicos decentes, honestos y eficaces y si bien el rescate de estos valores tiene que ver con un replanteamiento socialmente amplio, es en el poder público que debemos poner el ejemplo, actuando con apego a la ley y a la honestidad. Cero tolerancia a la corrupción es que por ningún motivo se permita que los recursos que son para la ciudadanía y están bajo la tutela del estado, sean usados en lo más mínimo para obtener beneficios personales de cualquier índole.
Este tipo de eventos irregulares, por llamarlo así, como el descubierto en el DIF estatal, nos debe mover a imponer medidas legales más claras y efectivas para erradicar el nepotismo y el tráfico de influencias en todos los órdenes de gobierno. Algunos actores políticos que se han desgarrado las vestiduras con estos hechos, con el fin de obtener réditos electorales, deberían también de ver la viga que tienen en su propia casa. Es común ver en los municipios a algunos alcaldes, síndico o regidores, de todos colores y sabores, que le dan chamba directamente o por medio de contratos a algún cuñado, primo o compadre, el nepotismo a todo lo que da impunemente. En mis continuos recorridos por todo el estado de Guanajuato es una queja recurrente de los ciudadanos.
El llamado es para que avancemos en una revisión legal de estos ordenamientos para rescatar el sentido honesto del ejercicio público. Tanto esfuerzo nos ha costado, tanta lucha en el pasado para exigir acciones claras y honestas, que no es posible ver estas situaciones como simples espectadores, como quien mira una película de Al Capone. Nos debe mover a la acción.
Quien diga que estos hechos son aislados y que por ello no conllevan un efecto de ola expansiva hacia otros actores e instituciones, seguramente lo hace para fugarse de la realidad y fingir que todo está bien, que no pasa nada.
Parafraseando a Don Manuel Gómez Morín, fundador de Acción Nacional, ¿Cómo vamos a “mover las almas”? cuando expresa que: “las ideas y los valores del alma son nuestra única arma; no tenemos otras, pero tampoco las hay mejores”. Para seguir moviendo almas debemos demostrar que nuestras armas siguen siendo la verdad, la probidad, la honradez y la honestidad
La honestidad debe volver al vocabulario básico del ejercicio político y debe convertirse un hábito en los políticos.
Pero nadie puede dar lo que no tiene, por ello es importante que la ciudadanía revise la trayectoria y el actuar de sus gobernantes, y con ello identificar a quienes son congruentes y hablan con la verdad y por otra parte, detectar a quiénes dicen actuar bajo la ley pero de manera deshonesta y denunciarlos.
Editoriales - Editoriales 2011
redes SOCIALES
aclaración IMPORTANTE
Este portal de Internet no es un medio de promoción política con fines electorales. Es un espacio que se construye y se mantiene con fondos privados.






