Editorial.-El IVA y el PRI. La manzana de la discordia
La semana pasada en estruendoso evento mediático el coordinador de los senadores del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones, rescató la propuesta que hizo en el 2000 el ex Presidente Fox de bajar el IVA al 12% con una taza generalizada a todos los productos dejando libre del impuesto una canasta básica de alimentos y medicinas. De inmediato, la reacción de los priistas en la Cámara de diputados no se hizo esperar con un rotundo NO a la propuesta de su correligionario. Escenario abierto de una confrontación que ya lleva tiempo entre los priistas de Peña Nieto contra los priistas de Beltrones. Los diputados de Beatriz Paredes, contra los senadores de Beltrones. El fondo del pleito: la carrera por la candidatura presidencial en la que se ve a ojos vistas, se dará al interior de su partido entre estos dos personajes, basado en la descalificación mutua cada vez más evidente.
No es la primera ocasión que Beltrones hace un anuncio de esta naturaleza, lo hizo hace un año, también sólo en los medios de comunicación y entonces obtuvo por respuesta un abrumador silencio de su partido; La iniciativa nunca fue presentada formalmente. Pareciera que no es la primera vez que los diputados priistas obstaculizan el trabajo de todos los senadores tan sólo con observar que lleve la mano de Beltrones.
Hemos dicho ya aquí en otras ocasiones que promover la recaudación de impuestos no da votos, pero quitarlos sí. Tal vez en ello se apuesta la propuesta del PRI de pretender bajar el IVA en un año preelectoral que pueda darles alguna rentabilidad electoral después de las derrotas sufridas en las últimas elecciones en los estados; están en su derecho como oposición de hacer un planteamiento de esa naturaleza que a todas luces puede sonar muy populista, pero que en realidad puede representar serios riesgos para la economía del país si sólo se anuncia de manera tan simplista. Todavía está en nuestra memoria la famosa “roqueseñal” cuando subieron con su mayoría aplastante el IVA al 15% en aquella fatídica sesión cuando dominaban totalmente la Cámara de Diputados y también lo está el hecho de que convirtieron en tabú para ellos mismos el tema cuando en el 2002 en sus documentos básicos a raíz del debate nacional que abrió Fox con esa misma propuesta, establecieron que sus legisladores no tocarían este impuesto; Hoy Beltrones pide reversa, pero se encuentran entrampados entre sus bancadas en el Congreso porque los más precavidos piensan que si bien así podrían con ello ganar votos rumbo a la elección del 2012, también estarían con las manos atadas en el poco probable caso que ganaran la presidencia de la república, al encontrarse con finanzas públicas debilitadas.
Una propuesta de reforma hacendaria no sólo debe plantearse a partir de una arbitraria baja o alza de impuestos; Cualquier planteamiento que se presente debe cumplir con los objetivos de una distribución equitativa de la carga fiscal para que todos contribuyamos al desarrollo de México, el fortalecimiento de las finanzas del estado y la correcta aplicación de estos recursos en los programas que generen mayor beneficio para la sociedad. Cualquier movimiento en este sentido debe estar acompañado de la calidad del gasto y compensar cualquier modificación fiscal neutralizando los posibles efectos regresivos que se generen por esta decisión. Independientemente de la coyuntura en que se presentan estas declaraciones, hacemos desde aquí un llamado a que se presente la iniciativa para poder tener un debate adecuado sobre la política de impuestos en México. Es oportuno que esas propuestas se acompañen de los cálculos precisos para no poner en riesgo las finanzas nacionales, sin esperar réditos electorales. No especulemos políticamente sobre el bolsillo de los mexicanos, cualquier propuesta en modificación de impuestos debe venir acompañada de un plan que indique claramente de dónde saldrán los recursos. Esperamos que en esta ocasión el PRI deje de utilizar su doble lenguaje fiscal y que hablemos el mismo idioma al momento de votar.
Pero muy importante también es que la agenda electoral esté subordinada al trabajo legislativo a favor de México. Un país como el nuestro, no puede seguir subordinado a vivir en el futuro a expensas sólo del petróleo, que un día habrá de terminarse, sino del producto del trabajo de todos sus habitantes. La mayor fuerza que tenemos los mexicanos somos nosotros mismos y nuestra capacidad creadora y productiva. Ojalá que todos entendamos un día que hay temas que no debemos postergar y que la agenda electoral se aleje de los asuntos prioritarios que ayuden a construir un México exitoso donde todos sin excepción, podamos alcanzar mejores condiciones de vida. Se ve difícil pero no imposible, es el ReTO. Que así sea.
Editoriales - Editoriales 2011
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