Mar 19

Editorial.-Las barbas del vecino

Occidente_tiembla_elevada_factura_economica_conflicto_libioLos acontecimientos que han colmado la atención mundial en las últimas semanas han sido sin duda los conflictos que se han generado en varios países del medio oriente  donde miles de civiles se han levantado contra sus gobiernos, todos ellos, llegados por la fuerza militar y habiendo permanecido en él por décadas. Egipto puso el ejemplo donde los civiles lograron derrocar a un tirano que llevaba en el poder más de treinta años y donde se establecido un gobierno de transición para preparar por primera vez elecciones libres; a partir de ahí ha cundido como reguero de pólvora entre los países musulmanes el llamado a la democracia. Pero también en China, recientemente nos enteramos, el descontento con el gobierno comunista que ha prevalecido por casi un siglo se manifiesta a favor de la democracia reprimida por la policía del régimen.

Especialmente el caso de Libia ha sido el más dramático, en un país con un producto interno bruto tres veces más alto que en México, el tercer productor de petróleo del mundo, el tirano Muammar Gadafi, con más de 40 años en el poder, quien se lanzó contra la población civil dejando cientos de muertos, cierra el paso a la democracia en su país. En el resto del mundo vemos con preocupación lo que allá ocurre y las consecuencias son de pronóstico reservado. Con el peligro de que a río revuelto, ganancia de pescadores, en este maremágnum de confusión, exilio y muerte, las buenas causas que se persiguen pueden quedar relegadas o ser solamente un pretexto para otros intereses de carácter económico.

Lo que ha llamado la atención es que no es  la religión ni el dinero en esta ocasión la que mueve a los musulmanes, sino la lucha por otros ideales: la libertad y la democracia.  La historia se repite y quien no aprende de ella está condenado a repetirla. La libertad es el don más preciado que tenemos los seres humanos y a lo largo de la historia de la humanidad ha sido el motivo por el que más sangre se ha derramado. El fondo de la causa es noble y digno, el riesgo en todo esto es que otros países se aprovechen de la situación en su propio beneficio.

Ya en México, vivimos en el pasado cruentas batallas y guerras civiles reivindicando la libertad y la democracia. Con el pretexto de la libertad, nos invadieron los franceses y los norteamericanos nos quitaron más de la mitad de nuestro territorio. Sin embargo, aún la lucha no ha terminado, son dones preciosos que nos han dado nuestros antepasados y es nuestra responsabilidad ampliarlas.  La democracia se fortalecerá en la medida en que cada ciudadano pueda disponer al menos de un trabajo digno y bien remunerado, donde se respete la dignidad humana de cada uno y donde el estado garantice que la libertad no tiene más límite que el marco de la ley y el respeto a los demás. Donde las reglas de la  democracia son aceptadas por todos porque no hay árbitro con dados cargados que quiera seguirse imponiendo sobre otros.

Allá, en Medio Oriente el hartazgo de permanencia de la élite política corrompida por los excesos del poder alzaron a los ciudadanos contra sus gobiernos que buscan  la democracia. Bajo el dicho popular de que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, lo mejor sería que todos los que tenemos una responsabilidad pública respondamos cercanamente a las necesidades de los ciudadanos si no queremos que éstos se vuelvan en nuestra contra. No puede ser solamente un pretexto aducir tener el cargo si éste se ejerce mediocremente. El ejercicio de nuestra responsabilidad es servir con transparencia, dedicación y profesionalismo a todos los ciudadanos y con ello reivindicar el valor que tiene la democracia y la política como un valor digno de ser respetado por todos. El que tenga oídos para oír que oiga.

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