Editorial.-Mujeres y heroínas

Cuando yo era niño, mi padre me enseñó que a las mujeres no se les tocaba “ni con el pétalo de una rosa”; hay de aquél que se atreviera ponerle la mano encima a una dama. Aprendí lo que significa el respeto a las mujeres conviviendo en una familia en la que fuimos seis varones y cuatro mujeres, ellas, especialmente mi madre, tenían un lugar muy especial. La caballerosidad y el respeto había que demostrarlos y mientras hubiera una dama de pié, no podía haber un caballero sentado. Nadie tomaba bocado en la mesa antes que las mujeres lo hicieran; primero las damas, nos decían. Hoy el destino y la Providencia me han dado la feliz compañía de cuatro de ellas, mi esposa y mis tres hijas.
En el marco del día Internacional de la Mujer se han entregado reconocimientos a mujeres que se han destacado por diferentes causas en distintos lugares; han sonado fuerte los discursos a favor de las mujeres y no es para menos. destacada por su desempeño y por el cargo que tiene, Marisela Morales, titular de la SIEDO, ni más ni menos que la dependencia del Gobierno Federal de Investigación contra la delincuencia organizada, fue premiada por su valor como mujer por la primera dama de los Estados Unidos Michelle Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton. Reconocen en el extranjero a una mujer mexicana, y no lo critico, por el contrario, es significativo, por todo el mensaje que manda este episodio en el marco de la difícil situación por la que pasa la relación de nuestro país con la Unión Americana, lo que extraña es que ese reconocimiento no se le haya hecho aquí.
Sin embargo, nuestra realidad mexicana dista mucho de lo que los discursos dicen. A pesar de que debemos reconocer que no sin dificultades, la mujer se ha venido abriendo cada vez con mayor presencia en los diferentes aspectos de nuestra vida social y pública, millones de mujeres viven situaciones de violencia y discriminación sometidas por una cultura machista que sigue generando condiciones de inequidad y de injusticia.
A pesar de que nuestra legislación establece la igualdad entre hombres y mujeres, no aplica en el terreno de la realidad, la violencia contra ellas es recurrente por el sólo hecho de ser mujeres. Esta panorámica, aunque se da en todos los estratos sociales, afecta principalmente a los sectores más pobres de nuestra sociedad, se inicia con aspectos concernientes al maltrato infringido a la mujer indígena, dada su doble condición que la convierte (al igual que ocurre con las mujeres migrantes) en un sujeto particularmente vulnerable al trato discriminatorio. En el terreno cultural, prevalece todavía en muchos sectores de nuestra sociedad las prácticas violentas en el marco de las relaciones conyugales y las respuestas asumidas. El “hombre cabal” debe cumplir las expectativas de masculinidad que implican el mantener la obediencia de la esposa y un número de hijos varones como descendencia que reemplazará al padre como fuente de autoridad, quien golpeará “con razón” siempre y cuando la mujer no lo obedezca, sea infértil y no realice la mayor parte de las tareas domésticas, por ejemplo. No se cumple el principio de que a trabajos iguales, salarios iguales en el caso de las mujeres que además siguen sin las prestaciones sociales que la ley marca solamente por ser mujeres. En varios lugares se sigue excluyendo a la madre trabajadora o se restringe el derecho al trabajo por ingravidez o maternidad. Otras muchas manifestaciones se dan en casos de trata de personas, especialmente de explotación sexual y laboral y en casos extremos, llega al hoy llamado feminicidio.
Habría mucho por decir, lo cierto es que es imperante que la política de estado para erradicar la violencia contra las mujeres por una parte debe aterrizarse en acciones claras, no sólo en la legislación, con el riesgo de que quede en letra muerta, sino también en la promoción de un cambio cultural de fondo, que es el más difícil, promovido a través de valores desde la escuela y a través de las creación de escuelas de padres que requerirá de muchos años para la concientización de todos los habitantes de este país y que redunde en cambios de actitud donde cada uno, hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades de desarrollo y de convivencia. Vaya pues finalmente un reconocimiento a las mujeres, heroínas todas en un mundo que todavía les es adverso y donde los varones tenemos mucho por hacer para lograr la equidad y la justicia.
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