Editorial.-El eslabón perdido
Reza el dicho popular que mendigo es el que pide y méndigo el que no da. La triste expresión de que el que no tranza no avanza, por desgracia se generaliza cada día más. La Honradez, así con mayúscula, se asemeja al eslabón perdido, así se llamó al hipotético espécimen que uniría a los humanos actuales con sus antepasados simios; los Australopitecos, antiguos homínidos bípedos implumes con un mosaico de rasgos simiescos y humanos, cumplen bien ese papel, pero nunca lo encontraron, como la lámpara de Diógenes.
Para que exista un acto de corrupción se necesitan al menos dos, el que pide y el que da. Pocas cosas lastiman y deterioran tanto la imagen de las instituciones y de las personas como la corrupción. Este fenómeno es, desgraciadamente mundial, pareciera que va fatalmente aparejado a la naturaleza humana y se da tanto en lo público como en lo privado. El ánimo de obtener beneficios al margen de la ética y de la Ley es cada vez una constante. De acuerdo a los indicadores de Transparencia Internacional, México no ha podido mejorar su calificación respecto de otros países del mundo. Somalia es el país más corrupto del mundo, seguido por Afganistán, Mianmar e Irak, los países menos corruptos son Dinamarca, Nueva Zelanda y Singapur, igualados en el primer puesto.
De los 178 países encuestados, casi las tres cuartas partes estuvieron debajo del índice de 5 en una escala del cero para el más corrupto y 10 para el más limpio; México se ubicó con una calificación vergonzosa de 3.1 sobre 10. El país menos corrupto del continente americano es Canadá seguido de Barbados y después el país más limpio de Hispanoamérica, Chile.
En México, las mordidas y los cochupos costaron en los hogares mexicanos un promedio de 138 pesos, lo que significa que las familias destinaron el año pasado el 8% para gastos de corrupción y de que en un año se pagaron cerca de 27,000 millones de pesos en sobornos, tan sólo en los servicios públicos.
Por eso, estamos impulsando una nueva Ley en el Senado contra la corrupción que permite que cualquier ciudadano o autoridad puedan interponen denuncias contra los funcionarios públicos, accionistas, socios, mandantes o asociados, representantes, comisionistas, agentes, asesores, contratistas, gestores, asesores o empleados que intervengan en las contrataciones públicas o en los servicios del gobierno, que protejan al denunciante y donde éste reciba una recompensa por la información que lleve a detectar la corrupción. Se incrementan las sanciones hasta con la cárcel para quien los comete.
No pretendemos aquí hacer referencia ni alusión personal, para que nadie se ponga el saco, me queda claro que la autoridad, quien la ejerza, en donde quiera que se encuentre: en la familia o fuera de ella, en las instituciones de gobierno o en la calle, no puede ser omisa a esta reflexión y a la supervisión permanente de aquellos sobre quienes ejerce esa autoridad, y lo más grave es, quien tiene la autoridad legal no tenga la autoridad moral por ser omiso o por ser parte de los actos de corrupción. No pretendo, de ninguna manera, dar aquí clases de moral a nadie, no es el caso, lo cierto es que sí hay una vinculación directa entre las conductas personales y sus efectos en nuestra relación con los demás. Como sociedad, todos tenemos la responsabilidad de protegernos contra este cáncer y no ser cómplices siendo parte o siendo omisos a la corrupción. El camino fácil no siempre es el mejor y como país no podemos dejar a las futuras generaciones esta imagen de que se puede optar por él sin tener consecuencias.
Decía mi padre y se lo reitero a mis hijas, que la honradez es un valor que se mama en la cuna y cuando los cimientos se han fincado con solidez prevalecen a lo largo de toda la vida. Permitirse pequeños actos de deshonestidad bajo la justificación indebida del “qué tanto es tantito”, termina por corromper la conciencia y también destruye la honra personal y acaba con la credibilidad personal y de las instituciones, por ello estoy convencido de que la honestidad debe prevalecer en el servicio público y en la vida privada. Nos enaltece como personas y nos hace fuertes frente a los demás. Hagámoslo por México y por nuestros hijos.
Editoriales - Editoriales 2011
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Comentarios
Totalmente de auerdo con Usted, solo que desafortunadame nte cuando uno denuncia con elementos comprobables, y citando normativa correspondiente violada, se convierte uno en enemogo de ese sistema y lo coartan en el acceso a lugar de donde se origino la observacion...
cierto es que no por eso desista uno de su encomienda de vivir en apego a valores inculcados en casa y seguir por el camino trabajando por nuestro pais.
por eso yo lo felicito se que esta iniciativa es compleja porque implica la participacion ciudadana ( ahi es donde lo veo medio complicado) pero si no se inicia no podremos mejorara esa calificacion tan baja...crealo Senafdor cada dia me sorprendo mas de lo avanzado que esta Chile en muchas materias, como pais!!!.
Seguimos en contacto y FELICIDADES por su trabajo en el Senado.
PD prometo difundirlo SALUDOS afectuosos.
Me gusto lo que dice (como casi todo) en este articulo, porque yo he vivido una situacion la que no se la deseo a nadie, por eso es la razon de que cada que convivo con estudiante los invito a ser honrados, es sus clases, en sus casa en todos lados.
Sin embargo, la situación que paso de desempleado por algunos años y casi subsistiendo por que ya cuando uno llega a cierta edad se nos cierran las puertas y me he preguntado, que me detiene para usar lo que se y hacerme de dinero ilicito. He tenido la oportunnidad de robar mucho dinero, sin embargo no lo he hecho porque los valores inculcados por mis padres en mi me lo han impedido, sin embargo, no veo la luz de como salir de esta situación y le pregunto:
¿Cree que valga la pena ser deshonesto solo un poco para poder poner un negocio en el cual pueda ayudar a tantos estudiantes en nuestro México?, digo solo un poco porque, no quiero ser como los delincuentes de ahora, .. continua
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