Un cambio trascendente, aunque incompleto.
Si hubiera que hablar de alguna reforma trascendente para nuestro Sistema Político Mexicano, tendríamos que referirnos a la que acabamos de aprobar en el Senado de la República. Sólo para recordar a mis estimados 9 lectores, hace casi año y medio que el Presidente Calderón envió al Senado una iniciativa que planteaba diversas reformas a la Constitución General de la República entre las que se incluían, las candidaturas ciudadanas, la reelección de los legisladores, la disminución de legisladores plurinominales, entre otras cuestiones importantes. Pues bien, desde entonces y a lo largo de quince meses, se fueron incorporando diversas opiniones y propuestas venidas de diferentes orígenes. Nosotros mismos realizamos sendos foros de consulta en diversos municipios del estado de Guanajuato para difundir la propuesta y recibir aportaciones de los ciudadanos, que, por cierto, fueron muchas y muy variadas.
Así, hemos llegado al final de este período de sesiones y sacamos adelante de todo esto lo que pudo lograr el consenso de la mayoría de los senadores, considerando que por tratarse de reformas a la Constitución se hace necesario el voto favorable de al menos las dos terceras partes de las legisladores. Temas tan importantes para los ciudadanos como el hecho de que ahora puedan postularse de manera independiente a cualquier cargo de elección popular, sin tener que ser postulados por un partido político, tiene mucha tela de donde cortar. Ante el desprestigio de los partidos, los ciudadanos podrán tomar una vía propia de participación para servir a la sociedad desde cualquier cargo de elección popular, mientras aquellos tendrán que reestructurarse y renovarse internamente para ser verdaderamente partidos modernos, con esquemas de verdadera inclusión de todos sus militantes, abiertos a la democracia y al respeto a la dignidad de las personas y con auténtica vocación de servicio al ciudadano, que sirvan a la sociedad como instrumentos de bien común, no como instrumentos de control político y que estén a la altura de la confianza de los ciudadanos. 
No es menor tampoco, haber aprobado que los ciudadanos sean consultados obligadamente sobre temas de gran trascendencia nacional, la consulta popular, tiene posibilidades de ser una buena vía para el referéndum sobre decisiones de carácter público que no tendrán que pasar necesariamente por el tamiz del Congreso de la Unión, que harán que éste trabaje con mayor eficacia para sacar adelante las reformas que México necesita y acelerar el paso hacia el futuro. O bien, la reelección legislativa hasta por un tiempo limitado, que no es automática como algunos podrían pensar, sino que obligaría a los diputados y senadores a mantener un auténtico contacto con la ciudadanía y con sus electores, que los haga más sensibles a las necesidades ciudadanas y más profesionales y eficaces también en la entrega de resultados sobre su función legislativa y parlamentaria; mediante la posibilidad de que los legisladores puedan participar en un proceso electoral inmediato siguiente al que desempeñaron, se da la pauta para que los ciudadanos puedan calificarlos y decidir si vale o no la pena que sigan en el cargo. Les hemos dado facultades a los estados también para que sus Congresos legislen en el tema de la reelección de sus diputados locales y más aún, que cada estado del país determine por sí mismo a través de sus constituciones locales los tiempos de duración de sus ayuntamientos y si deciden por la reelección de los mismos para hacer más eficaz el trabajo de los municipios.
No puedo omitir mencionar también lo relativo a brindarle al país certidumbre cuando por alguna causa el Presidente de la República faltara durante su desempeño como tal; me parecía inaudito que la Constitución en el texto vigente no previera quien lo suple si fallece, por ejemplo. Ahora el Secretario de Gobernación ocuparía su lugar entre tanto se nombra en el Congreso a un sustituto. O también que en caso de que el Presidente no pudiera presentarse a rendir protesta el 1 de diciembre que toma posesión del cargo ante el Congreso, ahora lo podría hacer frente al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
En fin, me habría gustado mucho que el consenso diera para disminuir el número de integrantes del Congreso, no sólo por una cuestión de pesos y centavos que, me parece, no resuelve los problemas económicos del país, si de eso se tratara, eliminar a los legisladores saldría muy barato, pero tendríamos una dictadura y al menos yo no quiero eso; el fondo es la eficacia y la funcionalidad del Congreso vinculado a una representatividad real de la sociedad. Hoy, estoy de acuerdo en que los”pluris”, no tienen razón de ser, si de representatividad de las minorías se tratara. Con todo respeto, los partidos minoritarios siempre aliados como rémoras a los grandes como si el objetivo fuese solamente tratar de preservar su registro y las prerrogativas, han venido perdiendo la representatividad de nuevas opciones para los ciudadanos.
Finalmente, han quedado en el tintero varios temas que espero puedan agotarse para bien en los próximos meses, falta aún concluir el proceso constitucional para su entrada en vigor así como también diseñar y sacar adelante las leyes secundarias para regular los diversos temas. Entre tanto, invito a mis lectores a conocer en mi portal en Internet el Decreto que aprobamos para que puedan irse empapando. Es una oportunidad para que conociendo lo que hacemos, puedan exigirnos lo que falta y proponer y opinar sobre lo que consideren es mejor para todos.
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