Tierra de contrastes
Por los gajes de mi oficio, he tenido la oportunidad de platicar con muchas personas de las más diversas comunidades de Guanajuato, hoy acumulo desde que llegué al Senado más de 28 vueltas a los 46 municipios de la entidad, que aunque se dice rápido, ha sido un largo camino lleno de las más interesantes y aleccionadoras peripecias; mantener esta presencia ha sido particularmente edificante para mi pues he aprendido mucho de la gente y de sus situaciones y formas de vida, pero lo más grato ha sido la forma como este contacto permanente con los ciudadanos me permite mantener la sensibilidad a los grandes problemas que tenemos y los pies en el suelo.
Hace unos días, en estos incansables y hoy calurosos recorridos, me topé con Sergio, un chico de 13 años, tímido y retraído, sentado junto a su madre, azorado por la presencia del que escribe -no es común que un senador ande por ahí recorriendo las comunidades- mientras compartíamos los alimentos con sus padres, le pregunté si iba a la escuela y me dijo que sí y que estaba por terminar la primaria. Entusiasmado le preguntaba yo si ya se había inscrito a la secundaria y me contestó con un rotundo: “no… me voy p’al norte como mi carnal”. El azorado por la respuesta entonces fui yo. Insistí con su madre sobre la importancia que tiene que Checo pudiera continuar con sus estudios si ya tenían la escuela en la comunidad, pero su madre me dijo: “senador, si no quiere, ni modo de jalarlo a fuerzas, además necesitamos que se vaya para que nos ayude”. Me quedé impávido e impotente frente a la respuesta de su madre. De nada sirvieron todos mis argumentos que lo único que provocaron fue el llanto de Checo. Su madre me dijo: “El quiere irse y no puedo hacer nada”. Yo hubiera querido en ese momento encontrar la manera de cambiar esa realidad para los muchos que emigran para salir de la pobreza.
Esta historia la he visto cientos de veces, hay muchos “Checos” que han emprendido el doloroso calvario por el sueño americano aún a tierna edad. No sólo es un tema cultural, es también por la falta de empleo en muchos rincones del campo guanajuatense. No cabe duda que se siguen haciendo esfuerzos muy grandes para llevar la educación a todos los rincones, hace falta también el incentivo para mantener a los niños y a los jóvenes en ella. Empleo, es lo que la gente busca, un trabajo decente y digno que les permita salir adelante.
La política social no puede ni debe convertirse solamente en una serie de programas que regalen cosas para aliviar la inmediatez individual y no transforme de fondo las circunstancias que viven; este esquema sigue dejando tras de sí a una sociedad disminuida y dependiente de los programas gubernamentales. El desarrollo debe atender integralmente a una educación para la vida, a desarrollar los hábitos y las habilidades personales y a incentivar la capacidad de producir, a generar las condiciones para la productividad y el empleo.
Por eso creo en la economía social y solidaria; en el potencial productivo que cada persona tiene puesto en común a través de la formación de sociedades cooperativas y de producción que han sido exitosas en muchos lugares del mundo. Creo en el trabajo colectivo y en la educación. Yo creo en la participación ciudadana y en el subsidiarísmo como el ingrediente necesario para hacer por los demás sólo aquello que los demás no puedan hacer por sí mismos. Yo creo en enseñar a pescar y no en dar el pescado. Creo en el papel del Estado como un instrumento de servicio y de Bien Común que armonice el incentivo del capital del trabajo y la educación con un objetivo: arraigar a la gente en sus comunidades convirtiéndolas en polos de desarrollo. Al Gobierno le corresponde incentivar esa capacidad individual para producir colectivamente inclusive. La migración es sin duda un fenómeno económico y cultural que estamos obligados a atender. La política de atracción de inversiones es excelente, pero debe venir acompañada de capacitación para el trabajo en los lugares y regiones donde se establecen las empresas que generan el empleo.
Guanajuato es un mosaico de contrastes y nuestra responsabilidad es equilibrar las diferencias. Representa ciertamente un reto mayúsculo pero en algún momento debemos comenzar. Plantear la Visión del Estado al que aspiramos y encaminar todos nuestros esfuerzos hacia ella. Yo creo en Guanajuato y yo creo en los guanajuatenses.
Editoriales - Editoriales 2011
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