Una reforma trascendente
Entre esas noticias que con mucha frecuencia no son noticia, apabullados todos los días por las notas estridentes, muchas de ellas movidas por el ánimo la descalificación y otras motivadas por el escándalo, hoy quiero compartir con mis estimados 9 lectores -que sé que son muchos más-, una que corre el riesgo que se pase de noche pero que amerita en todo caso, una atención especial.
Esta semana en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Senadores, de la cual soy integrante, aprobamos una iniciativa de reforma a nuestra Carta Magna y cuyo dictamen será seguramente aprobado por el Pleno de los Senadores la semana próxima, con la finalidad de adicionar el Artículo Tercero para elevar a rango constitucional la obligatoriedad del Estado Mexicano para impartir Educación Media Superior. Para ilustrar a mis tolerantes seguidores de esta colaboración, ya la Constitución establece la obligatoriedad de la educación preescolar y básica, razón por la que a estos niveles educativos se le han inyectado progresivamente y año tras año, recursos económicos muy importantes con la finalidad de lograr la cobertura total.
Sin embargo, hemos de reconocer que habiéndose logrado después de décadas, como lo dicen las cifras oficiales y estadísticas, la cobertura total en educación primaria, aún queda mucho trecho por recorrer en secundarias y coincidimos en que se hace necesario el esfuerzo de todos para que el Gobierno y las Universidades autónomas sigan ampliando los espacios al bachillerato y a la educación media superior en todas sus modalidades con el fin de que millones de jóvenes en todo el país puedan tener acceso a este nivel educativo.
No se trata sólo de inversión en infraestructura, se trata de ir abatiendo también el rezago educativo que por diferentes razones se da todavía en todos los niveles de educación en México. La disposición que acabamos de aprobar, establece la necesaria planeación rumbo al futuro en la ampliación progresiva también de los presupuestos federal, estatal y municipal que sea acorde a la demanda educativa y al crecimiento demográfico de la población que hoy se encuentra en este aspecto entre dos frentes aparentemente opuestos, pero que ejercen una presión impresionante sobre el presupuesto del país: un cuello de botella entre la oferta educativa de espacios para los alumnos que terminan su secundaria y no encuentran lugar en preparatoria y el abatimiento de la deserción escolar, lo cual representa otro reto descomunal para el gobierno y para la sociedad, frente a una sociedad que demanda hoy niveles educativos superiores y de calidad en la oferta de empleo.
Desde hace muchos años, el Gobierno Federal y las Universidades autónomas, así como los particulares incorporados, han venido proporcionando educación media superior ante la presión de la demanda en más de veinte subsistemas, desde el bachillerato general hasta el bachillerato tecnológico, hoy cada vez más socorrido, así como a través del uso de las tecnologías modernas de la información, como el Internet para hacer llegar a mayor cantidad de personas este nivel de educación, pero al no haber una disposición constitucional que haga obligatorio su impulso, los presupuestos y las estructuras institucionales de los diferentes niveles de gobierno estaban sujetos a la inercia de la presión y no a la planeación.
Estoy al tanto de que en Guanajuato, por ejemplo, el Gobierno del Estado ha tratado de construir una subsecretaría que atienda este rubro así como el superior, lo cual me alegra, sin embargo, hoy por hoy, casi todos los subsistemas de la educación media superior siguen dependiendo de la estructura de la SEP federal y siguen bajo su férula, apoyados por convenios con ésta y las demás Entidades Federativas, con muy escaso margen de maniobra pues este nivel educativo no se ha entregado a los estados completamente, pero con esta reforma, será necesaria la sinergia, la mutua colaboración y la distribución equitativa y proporcional de la responsabilidad de impartirla.
No tengo duda de que este es un gran paso en la construcción del México del futuro, la inversión en educación media superior será obligada y las estructuras gubernamentales deberán abrir la cancha para estos jóvenes, representa sin duda una gran expectativa y una esperanza para quienes están llegando y llegarán seguramente de manera abundante en el futuro porque aspiran a mejores condiciones de vida. Habrá que monitorear y medir los resultados rumbo a la educación superior que es el gran anhelo de todos. Como educador de vocación y de profesión, me siento honrado de haber hecho esta noble contribución al futuro de mi país y de mi estado. Ojalá que este nivel de consenso que hemos alcanzado en el Senado de la República, se alcance también en la Cámara de Diputados y que esta importante reforma, verdaderamente trascendente, nos lleve a actuar en el corto plazo para hacerla una realidad en todo el país. Felicidades a los jóvenes y que sea para bien.
Editoriales - Editoriales 2011
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