Nov 05

Reforma Política, el fracaso

En esta ocasión me quiero referir al tema de la reforma política que aprobamos en abril pasado en el Senado de la República luego de mucho diálogo y esfuerzo entre los grupos parlamentarios por alcanzar consensos. Lo dije en aquella ocasión y hoy vuelvo a sostener que se trata de una reforma que busca darle más poder a los ciudadanos frente al monopolio de los partidos políticos, a través de mecanismos como la iniciativa ciudadana, el referéndum y las candidaturas ciudadanas.

Soy un convencido de que la participación democrática del ciudadano va más allá del simple ejercicio de emitir un voto cada tres años. Significa involucrarse en los asuntos púbicos (eso es política) y comprometerse como sociedad, pues lo que sucede o dejar de suceder en nuestra comunidad nos beneficia o afecta a todos por igual.

Las modificaciones constitucionales que aprobamos por unanimidad en el Senado tienen el objetivo de darle “poder” al ciudadano a través de la iniciativa popular, el referéndum y las candidaturas ciudadanas. Ello significa en términos llanos que los ciudadanos podrán participar activamente en la política, como proponer leyes, hacer valer su opinión en un referéndum y contender por un puesto de elección popular, todo ello sin que necesariamente pertenezcan a algún partido político 

Lamentablemente todo ese trabajo y esfuerzo de todos los grupos parlamentarios en el Senado se fue al traste con la negativa del líder nacional del PRI y sus diputados federales. Contrario al priísmo del Senado de la República con quienes construimos juntos esta Reforma, la mayoría de los diputados federales del PRI junto con sus aliados del verde, ya han manifestado su rechazo a esta reforma que también contemplaba la reelección de los legisladores y a la posibilidad de que los ayuntamientos en los estados de la República también puedan ser sujetos a reelección o ampliación de plazo legal, dejando esto a la decisión soberana de sus congresos estatales.

Muchas democracias en todo el mundo contemplan la reelección de los cargos populares. La reelección de legisladores, como la contemplaba la reforma política no significaba la entrada a la perpetuación en el cargo, eso es un falso debate.

Se trataba de asegurar que el legislador regresara a su distrito después de la elección y estuviera en comunicación con el ciudadano y que éste se sintiera realmente representado por el legislador (lo que hoy no sucede). Es una regla elemental: quien haga bien su trabajo podría ser premiado con el voto y que siga trabajando por un periodo más, de lo contrario en la siguiente elección sería echado por el voto ciudadano.

Es verdad que la historia nos enseña a no cometer los errores del pasado. Pero la revolución social del siglo XX en México no se fundamentó sólo en el “sufragio efectivo y no-reelección”. Hubo condiciones de injusticia, pobreza y hambre, todo un fenómeno social multifactorial. Hablar hoy de la reelección en México debe entenderse como la exploración a nuevas formas democráticas de hacer un mejor gobierno y de propiciar una mayor participación ciudadana. Pero que quede claro que la reforma política es mucho más que sólo el tema de la reelección de los legisladores. 

Lamento mucho las descalificaciones hechas por el líder nacional del PRI hacia esta reforma y más lamentable que sus diputados federales hayan frenado una reforma de avanzada. Muy diferente la actitud del PRI en el Senado que entendió el interés del resto de los grupos parlamentarios por avanzar en el tema y darle a la República una reforma de vanguardia que había sido postergada por décadas.

Amigos lectores, el dictamen de reforma política será analizado en comisiones en la Cámara de Diputados. Francamente creo que si antes la Reforma todavía “movía la patita” hoy creo que está destinada a morir. El PRI de Moreira y Peña Nieto mataron una reforma integral y profunda; a cambio seguramente sacarán de la cámara baja un dictamen parchado. 

Hago votos porque nuestros compañeros legisladores hagan su mejor esfuerzo en encontrar acuerdos y envíen al pleno de los diputados un dictamen con la altura política que se merece México, un dictamen con la misma estatura que aprobó el Senado de la República.

Ya ha pasado mucho tiempo, no sigamos perdiéndolo.

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Editoriales - Editoriales 2011

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